Financiamiento a los partidos políticos

Partidos
El senador Roberto Gil Zuarth FOTO: NOTICIAS MVS
- en Opinión

Sabino Cruz V. / A unos meses de que empiecen las campañas electorales para elección de gobernador y presidente municipal en algunos estados de la República mexicana, una vez más surge en la opinión pública la idea del retiro o reducción de los recursos a los partidos políticos locales y nacional; ayuda económica que reciben, no solo en periodos electivos, y que anualmente impactan las finanzas federal y local, la economía de quienes apostaron al perdedores, y la irrupción en la relación familiar, sino que además abona al endeudamiento.

De acuerdo a los datos presentados por el senador de la República Roberto Gil Zuarth, anualmente reciben los partidos políticos, aproximadamente 6 mil 500 millones de pesos para las actividades proselitistas. Cantidad que muchas veces se mueve en el terreno de la opacidad o en el absurdo de su uso: por ejemplo para enviar telegramas a los votantes, festejos de navidad, para realizar sus asambleas, etcétera.

Propuesta como la que presenta el senador Gil Zuarth para recudir el 50 por ciento del recurso destinado a los partidos políticos y “llevar a cero el financiamiento que se recibe para actividades ordinarias”, o la del diputado independiente del Congreso de Jalisco, Pedro Kumamoto, “sin voto no hay dinero”, que consiste en vincular el dinero que reciban los partidos a la participación efectiva en la elección pasada, son tan solo algunas de las demandas que se suman a la inconformidad de la ciudadanía de seguir manteniendo a una clase política que lo única que ha hecho, la mayoría de la veces, es enriquecerse, colocar a sus familiares y/o amigos en la burocracia local.

La crisis económica, política, social que experimenta actualmente el país, generada por la incertidumbre sobre las nuevas relaciones con el presidente de Los Estados Unidos, la renegociación del Tratado de Libre Comercio, el incremento al precio de los combustible y con ello mayor inflación, es un buen momento para subir a la agenda pública el debate sobre la reducción del financiamiento de las campañas con dinero del erario, la apertura al capital privado e incluso sobre la pertinencia de reducir el número de diputados plurinominales, o de regidores en las más importantes ciudades de Veracruz.

Seguir asignando parte de nuestros impuestos para que hombres y mujeres que tiene en la res publica su profesión, solventar sus cuentas domésticas, otorgarles vales de gasolina y despensa, gastos médicos mayores, servicio de chofer y seguridad privada; mantener a los dirigentes de los partidos nacionales y/o locales, con todas sus huestees, es una situación insostenible y fuera de toda lógica.

El político, sea de cualquier género, debería, en esta nueva dinámica global, hacer campaña con sus propios medios o allegarse los medios para hacerse de la victoria; y no seguir vendiendo la idea de que si queremos que cuide nuestros intereses, debemos pagarle para ello. Quien en verdad desee servirnos, debe por sí mismo llegar a ocupar el cargo público de su deseo. Todo lo que nos representare un gasto, en aras de administrar nuestra riqueza natural, económica y cultural debería ser rotundamente rechazado.

No financiar las campañas electorales o reducir al cincuenta por ciento su manutención de los partidos o darle la parte proporcional al número de votos, es un acto de justicia social, que significaría mayor recurso para los grupos vulnerables, combate a la pobreza, el analfabetismo y las enfermedades endémicas/emergentes, más becas de excelencia, mayor impulso a la producción interna, más y mejores empleos, desarrollo de la ciencia y la tecnología, infraestructura carretera, seguridad, cobertura universal de salud, fomento a las artes y culturas tradicionales.

Sin remitente

Está vez tocó al Ágora de la Ciudad, quedarse sin energía eléctrica lo que empieza a poner en duda la capacidad de gestión del joven “maravilla”, egresado de la Universidad de Harvard, Enrique Márquez Almazán, quien ocupa actualmente el cargo de director del Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC). Situación que enciende, además, los focos por la advertencia que hace de que solo “se llevarán a cabo actividades siempre y cuando cuenten con los recursos que sean asignados”.

No solo es juventud y tacto político lo que está denotando el joven Márquez Almazán, también deja ver incapacidad para formar equipo, pues a la fecha el Ágora de la Ciudad, el Jardín de la Esculturas, el recinto cede del Ivec y el CEDAI no cuenta con director (ra). A estas “cualidades” hay agregar el hasta ahora inexplicable acercamiento con la comunidad creativa del Estado. Veracruz no está para nuevos experimentos generacionales.

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