Fue como una borrachera en casa ajena, donde ebrios de codicia las personas se llevaron todo lo que tenían a la mano sin importarles que estaban cometiendo un delito enfrente de sus vecinos, enfrente de sus esposas, enfrente de sus hijos.
Al día siguiente la resaca fue peor, pues siendo Misantla una ciudad donde todo mundo se conoce, ¿con qué cara mirar al vecino que los contempló cometiendo un robo? Para colmo los mismos vecinos pusieron el dedo a los ladrones, y al día siguiente la policía acudió a algunos domicilios a recoger parte de lo robado; la cruda para los misantecos fue terrible.
