El reparto de culpas

Culpas
Amadeo Flores Espinosa, Héctor Yunes Landa y Manlio Fabio Beltrones

Filiberto Vargas Rodríguez / Hoy muchos de los dirigentes y responsables políticos del priismo en Veracruz respiran tranquilos.

Perdieron, sí. Pero a diferencia de otros procesos, no les preocupa, más allá del riesgo de perder algunos privilegios. En esta ocasión la sociedad escogió a un villano y a él habrá que cargarle todas las culpas: Javier Duarte de Ochoa.

Cierto, el llamado «mal humor social» tuvo su impacto en este proceso electoral. Javier Duarte alcanzó los más altos niveles de desaprobación social que jamás antes haya alcanzado un Gobernador de Veracruz.

Una encuesta del periódico Reforma, publicada el primero de junio del presente año, mostraba que el 83% de los ciudadanos reprobaban su gestión, mientras que el 72% que desaprobaba a Enrique Peña Nieto.

Es correcto que Héctor Yunes hable de que el voto de los veracruzanos lleva un claro mensaje para el PRI y -sobre todo- para su gobiernos, de que hay que mejorar y cambiar para seguir a tono con la ciudadanía.

Lo que no debe perder de vista, sin embargo, es que él era el candidato, y buscó y peleó por ese privilegio con todas sus fuerzas, a sabiendas de que Javier Duarte era el Gobernador. Él mejor que nadie sabía del saldo negativo que le redituaría la actual administración estatal, pero calculó que, a pesar de ello, podría salir adelante.

No debe perder de vista que inició la campaña formal 12 puntos abajo de su primo hermano, y que fue la campaña de contrastes, la llamada «guerra sucia», la que provocó la caída del panista. La caída de Miguel Ángel Yunes, no el ascenso de Héctor. En los dos meses de proselitismo hubo un candidato a la baja (el de la alianza PAN-PRD) y uno a la alza (el de Morena). El otro, el del PRI, Panal, Verde, AVE y Cardenista, se mantuvo estático.

Pero no sólo Javier Duarte y Héctor Yunes son responsables de este descalabro. Muchos más dejaron de hacer su tarea, muchos fallaron en la operación política y en la gestión social. Hoy esos mismos buscan pasar desapercibidos y diseñan estrategias para «tender puentes» con el próximo mandatario estatal.

¡Total! Esto es política y aquí todo se puede.

Un operador electoral cercano a Héctor Yunes dio su propia visión de lo sucedido el domingo 5 de junio: Lo primero que impactó fue el «enojo social». Pero no sólo eso. También pesaron «los errores cometidos durante la campaña», y otro factor adverso fue «que hayan tardado tanto en alinearse todos los intereses y grupos en torno a Héctor».

Sin embargo, para este mismo personaje, el factor clave fue «el malestar de la gente con el Partido y sus Gobiernos».

Sí. La dirigencia estatal del PRI también tiene su cuota de responsabilidad. La campaña se llevó con dos estructuras paralelas (el equipo de campaña y la dirigencia formal) que no sólo no sumaron, sino que se estorbaron.

A tan corta distancia de la elección, un análisis de la derrota termina siendo superficial. Hay muchos otros factores que deben ser tomados en cuenta. Lo importante es que haya autocrítica, y que no se vayan por la salida fácil de culpar de todo al «villano favorito».

Lo que está claro es que a partir del primero de diciembre Miguel Ángel Yunes tendrá la responsabilidad de corregir el rumbo del Estado. Son muchos los retos que se ha echado encima y todos debemos estar pendientes de que no se desvíe de esa ruta.

En su carta a los veracruzanos, una vez que se confirmó su victoria, Miguel Ángel Yunes plasmó algunos de sus compromisos.

Prometió acabar con el miedo de la población y se dio un plazo de seis meses para cumplirlo. Prometió empleos, prometió resolver «las justas demandas de pensionados y jubilados», que cada veracruzano tendrá médico y medicinas, prometió apoyo para todas las instituciones de educación superior (no sólo a la UV), dijo que será respetuoso de la división de poderes y de la autonomía municipal.

Ofreció que no meterá las manos en los procesos electorales, que respetará la libertad de expresión, y que periodistas y medios gozarán de garantías.

¡Excelente!

Aquí estaremos para ver que todo eso se cumpla.

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