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- en Opinión

Sergio González Levet / Empezar de nuevo los días cotidianos y entender que la vida es eso: el trabajo duro y fecundo, la friega permanente y los momentos breves aunque excelsos en que nos reímos, nos comunicamos, nos juntamos y nos amamos…

Comprender que la vida no es una vacación perenne porque el descanso sólo sirve cuando se hace para restablecer el cansancio de la labor honesta.

Entrar de nuevo a la oficina, al trabajo, a la responsabilidad, para volver a ser nosotros, los de entonces que dijera Neruda, y encontrar la satisfacción que deja hacer bien las cosas (o tratar de hacer bien las cosas).

Llegar con los recuerdos para siempre de los momentos gratos, pasados por lo general con los familiares queridos, con los amigos verdaderos, con nuestros prójimos y nuestros próximos.

Ver fotos, videos, selfies; repasar el Facebook y las otras redes para encontrarnos a nosotros mismos, y encontrar digitalizados a todos los que conocemos y a muchos que no conocemos… y ver que ellos la pasaron bien, también, y que al final todos somos y hacemos lo mismo, porque la fiesta nos iguala (“Y hoy el noble y el villano, el prohombre y el gusano, bailan y se dan la mano sin importarles la facha”, Serrat siempre).

Asimismo, repasar los gastos siempre excedidos, el aguinaldo que nunca alcanzó como hubiéramos querido. Bendecir la costumbre -en muchas partes del sector oficial y en algunas del privado- de que hayan retenido la mitad del bono navideño hasta enero, con lo que nos queda el recurso de tener recursos para afrontar de mejor manera la cuesta insalvable de este mes negro, oscuro, desesperante, con sus 31 días que hacen de la segunda quincena un martirio digno del purgatorio.

Regresar a ser quienes somos, reconocidos, saludados…

Tornar igualmente a padecer a nuestros demonios, a nuestras bestias negras, a quienes creemos que no toleramos pero en realidad hemos soportado siempre. Aguantar de nuevo sus tonterías, sus impertinencias, sus insensateces.

Todo es equilibrio: estamos nuevamente entre los sabios y los mentecatos, entre los inteligentes y los imbéciles, entre los simpáticos y los insoportables, entre los amigos y los enemigos.

La vida es así, y así hay que vivir la vida.

Y soñar, que la vida es sueño y los sueños, sueños son. Pero también parte de nuestra realidad, de nuestra vida, de nuestro devenir. Sin ilusiones, no seríamos nada, no podríamos nada, lo lograríamos nada.

Regresar a lo burdo, a la grilla, a la politiquería.

Retornar a lo sublime, a la honorable política que consiste en buscar el bien de todos… y, según el caso, al periodismo añorado, vocacionado, anhelado, o a la profesión que cada uno haya elegido para su bien.

Empieza 2016 con augurios encontrados.

Arranca en Veracruz con el juego infinito de la adivinanza: que si será éste, que si será el otro, que si será aquél… como si sirviera de algo saberlo.

Por esta vez, en el terruño tendremos que decir: Felices dos años próximos.

Que así sea…

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