La separación

- en Opinión

Salvador Muñoz / ¿Separarnos? ¿por salud mental de ambos? Intenté sonreír ante las palabras del doctor pero cuando vi que ella afirmaba convencida del diagnóstico dado, dije: “esto va en serio”.

Este lunes inicia el proceso y aún me da miedo pensarlo. Tomar mis llaves y salir solo de la casa, donde hemos estado por espacio de más de una década… yo no le veo por ningún lado que mi salud mental mejore saliendo de allí solo.

Sin embargo, ella sí está convencida de que necesitamos separarnos… ¡maldita cosa! ¡hasta le da la razón al doctor! Y no sólo eso: cuenta de mis mañanas, tardes y noches que pasamos juntos como si eso fuera enfermizo, dañino.

¡Vamos! Todavía me sorraja en la cara que prefiero estar en la casa a su lado que salir a trabajar, a la oficina, a reuniones sociales…

¿Por salud mental?

Dígame señora, ¿qué esposa en su sano juicio quiere que su marido salga a la calle cuando éste prefiere estar en casa? ¡Sólo que esté loca! ¡Ah, pero no! para el doctor, el hecho de que yo quiera estar en casa a su lado, puede resultar dañino para mi salud y su salud mental…

No sé cuándo se volvió malo querer estar en casa y no salir de ella por estar a su lado, por tener su compañía, por sentir su cuerpo cálido al lado mío; por descifrar con una sola de sus miradas sus más simples deseos.

No entiendo de verdad… no lo entiendo cuando no hay amor más puro que el que nos prodigamos que no necesitamos de palabras para entendernos. Basta que nuestras miradas se crucen para saber lo que uno o el otro quiere.

¡Chingaos! ¡Qué le voy a decir a mis vecinos, a mis conocidos, a quienes saben de nuestro amor, por qué demonios hoy camino solo!

Y es que la gente se fija en todo… de que si engorda uno, de que si le falta corte de cabello al otro, de que si está uno alegre, que si está uno triste…

Figúrense de cómo serán de metiches que, por poner un ejemplo, cualquier ejemplo, el otro día una vecina se sacó de onda porque nos vio caminar y se preguntaba: “¿Quién es la mujer que acompaña a Salvador?”, ¡ah! es que Brenda bajó de peso y anda irreconocible… o cuando ven que Harry ahora camina lento, más lento que de costumbre y dicen: “es que ya está viejito”…

¡Claro y por supuesto que si me ven solo, se van a preguntar qué es lo que pasó! ¡por qué es que Salvador hoy camina solo sea en la mañana, en la tarde o en la noche!

Pero como toda naturaleza vecinal, al pasar a mi lado, sólo me sonreirán y se han de morder las ganas de preguntarme por qué es que hoy camino tan solo.

Este lunes inicia el proceso de separación… volteo y ver su figura apacible a mi lado, hace que mis ojos se nublen…

Sí, entiendo, pero no puedo evitar ese pinche dejo de rebeldía porque muy en mi interior, sé que el doctor tiene razón… porque sé que la Mujer igual tiene razón. Pero sólo de pensar en cruzar la puerta y caminar solo, hace que la idea se convierta en un asesino inexperto. Sí, de ésos que intentan estrangular y aun cuando uno piensa en morir, nomás duele ese apretón de garganta que ahoga pero no mata.

Decidí entonces empezar a correr este lunes mientras me separo de mi Harry, mi scotish terrier, quien por motivos de salud mental, tanto de él como mío, requiere superar sus estados de ansiedad dejándolo un poco, poco a poco, solo, con mi ausencia, a intervalos.

El doctor dice que es bueno para ambos, aunque a fuerza de ser sinceros, trato de entender cómo, cuando dos seres se quieren, es bueno que tengan que separarse un poco cuando es que se quieren un mucho… en fin, hoy lunes inicia el proceso de separación.
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