La dicha de la primera dama

Doble sentidoDicen por ahí que una imagen vale más que mil palabras; esta máxima es el súmum de cualquier teoría semiótica. Los gestos de una persona son más elocuentes que el propio discurso. Las palabras pueden engañar, pero los mensajes que emite el rostro no. Y esto lo decimos por la primera dama de México, que inició su sexenio con un esplendor ficticio que a muchos molestó. Salía en revistas de moda, en portadas de magazines internacionales; ella, la hija y las entenadas. Luego los viajes en donde se llevaba hasta su maquillista. Pero de unos meses para atrás, de ese viaje a Londres a la fecha, se le ha visto en muy pocas ocasiones. Y cuando se le ha visto siempre carga con esa cara de fastidio que refleja su estado anímico. Quería su príncipe azul, pero por más que besa a su esposo este no se convierte en príncipe; claro, para convertir al sapo en príncipe, ella debería ser casta y pura, cosa que no es. Para colmo, a la niña que le acompaña ya la contagió.

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