Guillermo Ortiz Mayagoitia

- en Opinión

Sergio González Levet / En un acto que engalana nuevamente a todos los misantecos, sus paisanos, la Legislatura estatal otorgó este lunes 3 la Medalla Ruiz Cortines a don Guillermo Iberio Ortiz y Mayagoitia.

Y digo que nuevamente, porque hace apenas dos años la recibió otro ilustre cachichinero: don Froylán Flores y Cancela, periodista non y maestro de periodistas en Veracruz.

Obviamente se presta al sospechosismo el hecho de que el titular de la Junta de Coordinación Política de esta Legislatura sea otro misanteco -por cierto también muy galardonado en el ámbito de su competencia profesional-: el profesor Juan Nicolás Callejas y Arroyo, pero la justicia de tales otorgamientos se revela prístina ante la calidad de los galardonados.

Uno es históricamente el mejor columnista que ha dado Veracruz, Premio Nacional de Periodismo, y yo diría premio “real”, porque tales distinciones se han devaluado mucho, al grado que muchos que ni son periodistas las ostentan ahora.

El otro fue ni más ni menos que Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación -el máximo puesto al que puede aspirar cualquier abogado en México-, cargo que desempeñó con gran señorío desde el 2 de enero de 2007 hasta el 31 de diciembre de 2010.

A sus paisanos nos da mucho orgullo ver el gran éxito profesional de alguien que creció entre los olores de nuestra tierra y los sabores de nuestra cocina; es una delicia para nuestro regionalismo decir que desde muy joven, Guillermo Ortiz Mayagoitia tuvo lo suyo y aportó al humor y al ingenio señorial que cunde en todos los corrillos en donde haya dos misantecos o más.

Froylán me dice que de niño todos le decían Mito (“por Guillermito”), pero en todo caso habría sido un mito genial, por los alcances que ha tenido en su fecunda carrera.

Nació y creció en una casona hermosa de la calle 5 de Mayo, que Carlos Slim nos hizo el disfavor de tirar para poner ahí el edificio más horroroso del mundo y afear -si es posible- la belleza secular del pueblo. Cuando uno pasaba por la casa podía tener la suerte de escuchar a doña Lupita Mayagoitia, la profesora, tocando el piano al que le sacaba las más bellas notas. O si te asomabas estirando el cuello, verías a don Gonzalo Ortiz jugando ajedrez, su pasión, con don Tano Gutiérrez, al que siempre le ganó la partida.

Tiempos aquellos, recuerdos que se le agolparán a nuestro respetable homenajeado.

Después de recibir la presea en el Congreso, Mito o Guillermo o el señor magistrado en retiro don Guillermo Iberio Ortiz Mayagoitia, seguiría la celebración con sus paisanos en un lugar ideal: el restaurante La Misanteca de Xalapa, en donde va a tener oportunidad de saborear los cachichines que tanto le gustan, y el pollo en chiltepín y los tamales de dedo y el chile de bola y los tepetomates que fueron su delicia cuando era solamente un chamaco que andaba por los andurriales de su tierra, y ni se imaginaba que iba a llegar a ser un personaje tan importante, un misanteco tan distinguido, para el que sigue siendo una distinción ser de su pueblo.

Y para darle el punto de seriedad a este asunto de misantecos -que somos tan bromistas y a todo le buscamos el chascarrillo, incluido nuestro galardonado-, culmino estas líneas con la consideración de que don Guillermo ha sido un gran jurista, un estudioso inteligente y perspicaz del Derecho, un jurista como pocos.

Me quedo con una frase suya que lo define en su actuación:

“La Justicia es un gran resultado colectivo, que depende no solamente de los tribunales, sino también de las convicciones personales”.

Felicidades, Mito (con todo respeto).

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