Los falsos destapes

Rojos
Pepe Yunes y Hector Yunes en el rancho San Julián
- en Opinión

Filiberto Vargas Rodríguez / Nada fue como se tenía previsto.

La comida en el rancho San Julián, el pasado viernes, no fue, ni de cerca, un encuentro “en petit comité”. No hubo, por lo tanto, acuerdos relevantes. Tampoco hubo destapes (por más que los simpatizantes de Héctor Yunes insistan en empujar esa versión).

No hubo señales, aunque en ocasiones esa carencia es, en sí, un mensaje.

La imagen de Pepe y Héctor Yunes platicando solos, retirados de la concurrencia, abrazados por la espesa neblina, nada quiere decir. Pepe y Héctor, amigos y aliados, conversan con mucha frecuencia. Que lo hicieran ahí, frente a las cámaras de los fotógrafos, antes de que llegaran el dirigente nacional del PRI y el Gobernador de Veracruz, no fue sino un mero montaje.

Acaso el único mensaje válido es el pronunciado, al final del encuentro, por Manlio Fabio Beltrones, quien resumió lo ahí acordado con dos palabras: Unidad e inclusión.

Está claro que cuando habla de “unidad” se refiere a que todos los actores priistas de la entidad, los más de 300 ahí reunidos y muchos más, deberán apoyar sin restricciones a quien resulte designado como candidato para la gubernatura del 2016.

Al hacer referencia a la “inclusión” descalificó en automático a quienes hablaban de que en la sucesión de Veracruz “sólo hay de dos sopas”. Con la inclusión que plantea Beltrones, caben Pepe y Héctor Yunes, pero también Alberto Silva, o Tomás Ruiz, y hasta Flavino Ríos, ubicado como una alternativa en caso de que las posturas se mantengan polarizadas.

Pero ante la ausencia de señales claras, contundentes, los que ahí estuvieron hicieron sus propias interpretaciones, apegadas más a sus deseos o intereses, que a un análisis imparcial.

El viernes no hubo destape. Tampoco lo hubo el domingo, en el informe de Pepe Yunes -que fue bueno y breve- ni lo habrá este lunes. Para aquellos que se han apresurado a entronizar a Héctor Yunes, valdría la pena recordar aquel episodio ocurrido en octubre de 1987.

Era la víspera del destape del candidato a la Presidencia. El PRI había estrenado un método para la selección de su abanderado para la sucesión del 88.

Un par de meses antes, en agosto, el entonces presidente del PRI a nivel nacional, Jorge de la Vega, anunció que se habían seleccionado seis políticos, a los que se consideraba merecedores de la precandidatura del PRI a la Presidencia.

Los elegidos fueron el regente del Distrito Federal, Ramón Aguirre; el secretario de Gobernación, Manuel Bartlett; el de Energía y Minas, Alfredo del Mazo; el procurador general de la República, Sergio García Ramírez; el secretario de Educación Pública, Miguel González Avelar, y el de Programación y Presupuesto, Carlos Salinas de Gortari.

El PRI los hizo comparecer para que leyeran durante casi una hora sus propuestas de gobierno.

El tres de octubre, cuando ya había concluido la “pasarela” y se esperaba que al día siguiente se diera a conocer el nombre del candidato priista, durante una cena en la que departían el empresario Jaime Camil, su hija y el novio de ella, Federico de la Madrid (hijo del Presidente Miguel de la Madrid), el suegro preguntó al joven si sabía quién era “el tapado”. El muchacho comentó que el secretario particular de su padre, el yucateco Emilio Gamboa Patrón, le había anotado en un papel las siglas del candidato: “SG”.

Camil se comunicó enseguida con Alfredo del Mazo. Según su razonamiento, no podía ser otro que el procurador Sergio García Ramírez.

Al día siguiente, a primera hora, Alfredo del Mazo acudió al domicilio del titular de la PGR para manifestarle su adhesión y hacerla pública a todos los medios. Minutos después le hablarían para aclararle: Las siglas “SG” correspondían, en realidad, a Salinas de Gortari.

Eso suele pasar con quienes se apresuran, con quienes pretenden ser reconocidos como “los primeros” en levantarle la capucha al “tapado”.

Un alto funcionario del gobierno estatal anticipó: “La definición se dará en la segunda mitad del mes de enero. Hay algunos que ya se muestran muy ansiosos y eso podría afectarlos en la recta final”.

Javier Duarte envió también su señal.

A través del espacio que suele ocupar cuando se trata de temas que a él le interesan, la columna Glosario del Momento del Diario de Xalapa, el Gobernador de Veracruz narró, a través de la pluma de Víctor Murguía, lo que platicó con el Presidente Enrique Peña Nieto en su más reciente visita a la entidad.

Víctor Murguía lo narra así:

“En la escalinata del avión presidencial, a punto de partir el mandatario nacional, Javier Duarte le manifestó:

– Sea o no mi amigo, vamos a ir, si usted así lo dispone Señor Presidente, con la carta más fuerte.

Tras escucharlo Peña Nieto respondió:

– Tienes toda mi confianza Javier, hasta ahora nunca me has quedado mal, pero ésta es tu decisión más importante, no puedes equivocarte”.

El mensaje del Gobernador es claro: La definición del candidato a la gubernatura del 2016 pasará por sus manos… con todas sus consecuencias y pésele a quien le pese.

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