Reflejos Universales

- en Opinión

Zaira Rosas / Salgo de una reunión con periodistas de otros países, en los que hablamos de corrupción, violencia, lavado de dinero, el desplazamiento del comercio local por transnacionales y tópicos que con sólo mencionarlos podríamos pensar que el país del que hablamos es México, sin embargo corroboro que no somos los únicos que sufren por todo lo anterior, al observar mi teléfono me entero de un ataque terrorista en Beirut, después en París.

La noticia de la muerte de más de 100 personas en nombre de un Dios, me aterra, tanto como la situación de mi país en el que cientos de personas mueren a manos del crimen organizado. Sin embargo, difiero de quienes critican a los dolientes de los eventos en el extranjero, porque también somos ciudadanos globales. Al ver las redes sociales veo a gran parte de mis “amigos” con la bandera de Francia en fotos de perfil, esto sin duda es más por moda que por solidaridad, pero aplaudo que al menos se estén informando, porque gran parte de los atropellos contra la humanidad pasan sin que nadie diga nada.

Es cierto que muchos de los mexicanos que cambiaron su fotografía de perfil a sugerencia de Facebook, no tienen ni idea de lo que pasa en su propio país, pero al menos saben que algo ocurrió en París y piden rezar por estos eventos, #PrayForParis es uno de los hash tags más populares al momento, pero ¿por qué sólo por una ciudad? Beirut también sufrió un atentado terrorista en el que murieron alrededor de 40 personas, la caída del avión ruso quizás tenga los mismos orígenes y no veo a los miles de personas preocupándose por el tema.

A principios de año, cuando Francia también fue escenario de violencia por el tiroteo a los caricaturistas de Charlie Hebdo, escuché a personas decir que no debieron provocarlos, más no se trata de provocaciones; los que murieron en el estadio y el Bataclan fueron señalados por los criminales como infieles; los periodistas caídos hace diez meses eran para muchos unos provocadores. ¿Entonces dónde queda la libertad de culto y la libertad de expresión? Todos somos libres de profesar múltiples ideas, pero estamos dejando de lado la libertad humana y principios de vida fundamentales como la tolerancia.

No se trata de rezar por un país o no hacerlo, se trata de preocuparnos por lo que pasa en el mundo entero, todos están atravesando por situaciones semejantes a mayor o menor escala y son los jóvenes el brazo operativo de muchos de los atentados contra la vida de seres humanos. En México existen niños sicarios que deberían jugar, estudiar y crecer en vez de matar y añorar ser capos famosos cuando sean grandes. La semana pasada hablaba de la importancia del tejido social para reconstruirnos como humanidad y hoy lo reitero. Dos de los terroristas no tenían ni 30 años, y fueron calificados por el fiscal de Francia como lobos solitarios, porque son más de 5000 las personas que podrían haber actuado de esa forma y era imposible seguir el comportamiento de todos.

Lo que sí es posible es preocuparnos por el ahora, ser solidarios no significa encender monumentos históricos con los colores de un país porque no fue sólo Francia,  tampoco lo es condenar los actos, porque las palabras requieren de ir más allá. Los gobiernos deben unir esfuerzos como pidió Putin, que la cumbre del g20 sirva para abordar de manera real la problemática.

Mientras tanto cada uno de nosotros no puede hacer nada poniendo una bandera en una foto, ni sumándonos a un hash tag, pero sí podemos preocuparnos por nuestro entorno inmediato y llevarlo a la acción. El terrorismo es generado por un odio desmedido e injustificado, comencemos por hacer a un lado generalidades como decir que fueron musulmanes los atacantes, porque no se trata más que de un pequeño sector de ellos. Señalar a todos los practicantes de dicha religión sería tan absurdo como las declaraciones racistas de Donald Trump hacia los mexicanos.

Seamos tolerantes sin que eso signifique agachar la cabeza o guardar silencio ante las injusticias, promovamos el respeto hacia los otros, entendamos la diversidad de culturas e ideologías como parte de nuestra riqueza humana, sin dejar de lado los principios universales como la vida del otro. La segunda guerra mundial fue producto del odio a un sector, de seguir así el papa Francisco tiene razón, nos encontramos frente a la antesala de un tercer conflicto bélico mundial.

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