El tercero en discordia

Foto: Los Políticos / Salvador Muñoz
- en Opinión

Filiberto Vargas Rodríguez / Una muestra de lo anunciado apenas en el artículo del pasado lunes.

El periodista Ricardo Alemán, del periódico El Universal, hace referencia al tufo de corrupción que se percibe en las filas del PAN:

“Durante su campaña para alcanzar la dirigencia nacional del PAN el joven Ricardo Anaya abrazó la bandera de la honestidad y la lucha contra la corrupción. En simpáticos actos de fe prometió que en su gestión el partido azul no toleraría corruptelas. Sin embargo, una cosa es el discurso y otra muy distinta la terca realidad. Y es que Anaya no terminaba de lanzar arengas contra los corruptos azules cuando dos gobernadores del PAN dejaban sus respectivos cargos en medio de groseros escándalos de corrupción”.

La guerra ya inició y las dos principales fuerzas políticas del país acumulan expedientes para ensuciar la imagen de sus contrincantes.

Mientras tanto, en San Lázaro, donde los legisladores siguen a la espera de que se distribuyan las comisiones, empieza a tomar forma un equipo político que está dispuesto a pelear por la sucesión del próximo año en Veracruz.

Algunos los identifican como “los locales”, otros les llaman “los hijos de Duarte”, y algunos más se refieren a ellos como “los nietos de la fidelidad”.

Ya no son “los cuatro fantásticos”, como antes se les conocía.

Alberto Silva, Érick Lagos, Jorge Carvallo y Adolfo Mota están trabajando juntos, por un mismo objetivo. Si alguien vio o escuchó que estos personajes se atacaran entre sí, hoy eso ya quedó olvidado. Forman parte del mismo grupo político y su misión es preservar el poder en Veracruz.

Tienen claro que las encuestas favorecen, con mucho, a los dos senadores priistas. Pero saben también que la política es de circunstancias y ellos están preparados para aprovecharlas.

Entre ellos hay comunicación constante y su relación con el Gobernador Javier Duarte es tan sólida como cuando fueron parte de su gabinete. Han hablado, han analizado sus propias circunstancias y parecen haber perfilado ya una estructura que les permitiría acometer, con grandes posibilidades de éxito, una eventual campaña por la gubernatura de dos años.

Cuentan quienes han estado cerca de ellos, que en estas reuniones para definir fortalezas y afinar estrategias, han coincidido en que Alberto Silva es quien más posibilidades tiene -de entre ellos- de alcanzar la candidatura. De ser así, el coordinador de su campaña sería Érick Lagos. Mientras tanto Jorge Carvallo Delfín se haría cargo de la estructura electoral y la movilización. Adolfo Mota Hernández retornaría a la dirigencia estatal del PRI.

Todos con posición, todos con espacios para la operación política, todos con posibilidades de crecer y proyectarse hacia el futuro.

Nada garantiza que esta posibilidad se materialice, pero está claro que todos ellos, como profesionales de la política, se han puesto a hacer la tarea. Si los astros se alinean, ellos estarán preparados.

Aunque la mayoría de los analistas políticos les dan pocas posibilidades, también entienden que las posibilidades de “los locales” crecerán en la medida en que el Gobernador Javier Duarte de Ochoa tenga la oportunidad de negociar o proponer a quien aspire por el PRI a sucederlo.

Este escenario no está tan lejano, en virtud de que el actual mandatario estatal ha demostrado especial capacidad y eficacia para los temas electorales. Ha construido una sólida plataforma política, cuenta con experimentados operadores y sabe dónde debe buscar los sufragios que se requieren para conseguir el triunfo.

La opción ahí está. Todo es cuestión de que se conjuguen los tres ingredientes de los que hablaba Miguel Alemán: conciencia, constancia y circunstancia.

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