En un despliegue de docilidad institucional que pocos intentan disimular, las dirigencias de las Secciones 32 y 56 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) volvieron a hacer gala de su especialidad: Arrodillarse automáticamente ante el poder en turno. Esta vez, el motivo del fervor entreguista, es la designación de Raquel Bonilla Herrera como sustituta de la mal lograda Claudia Tello en la estructura educativa estatal. Un nombramiento que fue recibido por las cúpulas sindicales no con el escrutinio que exige la defensa magisterial, sino con la alfombra roja y la ovación servil de costumbre.
Lejos aquellos años en que las siglas del SNTE infundía respeto o, al menos, la simulación que ejercía Juan Nicolás Callejas Arroyo como contrapeso en favor de las bases. Hoy, los comités ejecutivos de ambas secciones parecen operar más como agencias de relaciones públicas del gobierno que como representación de los miles de docentes que continúan lidiando con aulas precarias, trámites burocráticos infames y agendas de promoción estancadas.
El efusivo y lambiscón respaldo a Bonilla Herrera no es más que la ratificación de un pacto de confort: acomodar la estructura sindical para no desentonar con la línea política estatal. Y es que, mientras las dirigencias celebran la llegada de figuras perfiladas desde el escritorio político, la militancia de a pie observa cómo los líderes gremiales priorizan el intercambio de sonrisas, la foto oficial y la garantía de sus cuotas de poder por encima de las demandas históricas del magisterio veracruzano.
La rapidez con la que las Secciones 32 y 56 salieron a aplaudir el nombramiento deja una lectura clara para el gremio: los canales de interlocución no están abiertos para exigir, sino para acatar. Para los secretarios generales y sus séquitos, la prioridad sigue siendo la disciplina de partido y la comodidad presupuestal; para las bases, el mensaje es el de siempre: acomodarse al libreto o ver la defensa de sus derechos pospuesta para el siguiente sexenio.
De manera que en Veracruz, los nombres en las oficinas cambian, pero la postura del SNTE se mantiene firme y sin variaciones: Bien empinados y sonriendo para la foto. Ah, pero eso sí, muchos maestros, personal administrativo y de apoyo, estarán aplaudiendo como focas.
