Raquel Bonilla Herrera, senadora suplente de Morena por Veracruz, por muchas carencias e insuficiencias, no resulta un perfil idóneo para encabezar una de las dependencias más grandes y complejas del estado, responsable de casi dos millones de estudiantes y más de 130 mil docentes. Su trayectoria es casi exclusivamente político-partidista y legislativa: diputada federal por Poza Rica (2018-2024) y senadora suplente desde noviembre de 2024, tras la licencia de Claudia Tello. Carece de experiencia documentada en el sector educativo, ni como docente, administradora escolar, ni en comisiones legislativas de educación o iniciativas relevantes en la materia.
Su cédula profesional como licenciada en Derecho se obtuvo apenas en 2025, tras titularse en 2024 en la Universidad de la Huasteca Veracruzana, mientras registros previos la listaban con la carrera trunca. Sin embargo, basta con que la gobernadora Rocío Nahle la nombre y respalde para que, de la noche a la mañana, deje de considerarse inadecuada para la SEV, ineficiente para un cargo público de esta envergadura y se convierta en la figura “ideal” para ejecutar las órdenes de la gobernadora.
Tras el respaldo público mostrado el sábado 1 en el segundo informe de labores legislativas de Bonilla, con presencia de la gobernadora, gabinete y aparato estatal en el Teatro de la Reforma del puerto de Veracruz, Nahle reafirmó su apoyo, presentándola como parte del equipo de confianza. La designación, anunciada el 27 de julio de 2026 en relevo de Claudia Tello, prioriza lealtad partidista sobre capacidad técnica en un sistema educativo con rezagos importantes. Veracruz necesita perfiles con experiencia real en educación, no improvisaciones basadas en afinidad política.
