El arte de improvisar la educación en Veracruz. Entra Raquel Bonilla Herrera, sale Claudia Tello

Educación
El arte de improvisar la educación en Veracruz. Entra Raquel Bonilla Herrera, sale Claudia Tello FOTO: WEB

Si algo ha demostrado la política estatal es que para dirigir el destino educativo de millones de niños y jóvenes no se necesita haber pisado un aula como docente, ni haber diseñado un plan de estudios, ni mucho menos entender la pedagogía básica. Bastan las credenciales correctas en la nómina partidista y una lealtad a prueba de cualquier perfil técnico. El reciente relevo en la Secretaría de Educación de Veracruz donde sale Claudia Tello y entra Raquel Bonilla, no es más que la confirmación de este conocido libreto. El paso de estafeta entre curules y oficinas gubernamentales funciona como una comedia de enredos donde los puestos no se asignan por mérito académico, sino por la necesidad de reacomodar las fichas del ajedrez político.

Un día se legisla sobre temas que no se dominan; al otro, se asume la formación de las futuras generaciones como si se tratara de administrar una oficina de trámite cualquiera. El historial de la nueva titular no deja mucho espacio para el optimismo institucional. Se le recuerda más por la habilidad para pegar etiquetas con nombre y foto sobre despensas de ayuda humanitaria que por alguna propuesta transformadora o visión estructural. Una trayectoria más inclinada al autofestejo y al oportunismo de la fotorreportaje que al rigor que exige un sector tan golpeado y necesitado de rumbo.

Los verdaderos traspiés, sin embargo, no son solo las meteduras de pata del pasado ni los cuestionamientos a su formación; el verdadero traspié es el mensaje que se le envía al magisterio y a la sociedad: que la educación pública en el estado es un botín de consolidación política, un premio de consolación o un lugar de paso mientras se acomoda la siguiente candidatura. Mientras los maestros en las aulas enfrentan carencias reales, retos de aprendizaje y presupuestos apretados, en los altos mandos se sigue apostando por la improvisación. Total, para poner el sello en el despacho educativo, parece que el único requisito indispensable es saber posar para la foto del nombramiento.

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