La desaparición de la periodista Roxana Guzmán no es solo una cifra más en la dolorosa estadística de nuestro país; es un recordatorio flagrante de la vulnerabilidad en la que se ejerce el periodismo y de las profundas deficiencias en los mecanismos de protección y procuración de justicia en el estado de Veracruz. A días de haber sido reportada su ausencia, el vacío informativo por parte de las autoridades encargadas de la investigación resulta tan ensordecedor como preocupante.
La lentitud en la activación de los protocolos de búsqueda especializados no solo ralentiza las posibilidades de hallarla con vida, sino que envía un mensaje de impunidad sistemática: en este territorio, buscar la verdad sigue siendo una actividad de alto riesgo.
Es necesario que todas las agrupaciones periodísticas manifiesten su inconformidad, dejar de lado las grillas y mostrar unidad ante las autoridades, pero sobre todo ante la sociedad veracruzana. ¡Viva se la llevaron, viva la queremos