En el Congreso de Veracruz todo mundo sabe que a la diputada Victoria Gutiérrez Pérez nadie la aguanta; de los empleados sindicalizados del Congreso que la apoyaban en sus labores legislativas, dos pidieron que los cambiaran a otra área, aunque sea a lavar los baños con tal de no estar a las órdenes de una mujer cargada de traumas y complejos los cuáles trata de ocultar con una actitud prepotente y grosera. Pues como nadie quiere trabajar con ella, a la señora se le ocurrió, porque en eso es experta, en ocurrencias, ahí está lo de ir a tomar café a Marte, que su hija podría trabajar con ella. A la diputada Victoria Gutiérrez no le importó que le advirtieran que se podía meter en problemas, no le importó que la pudieran acusar de nepotismo, no quiso escuchar consejos ni optó por otro tipo de soluciones.
Montada en su macho doña Victoria Gutiérrez contrató a su hija y ahí están las consecuencias. Este sábado el periódico El Universal publicó en su sección Kiosko que la diputada morenista «fue exhibida en la sesión legislativa porque su hija trabaja en el Congreso local con un sueldo de 30 mil pesos, lo cual “negó más de tres veces” y hasta se puso muy digna en plan de ofendida».
¡Pero qué necesidad! Si la señora hubiera tenido un gramo de sensatez y hubiera prestado oído a los consejos de sus compañeros de partido, seguramente no estaría pasando por esto. Hace algunos años calificamos a Adriana Esther Martínez Sánchez, como “la peor de todas” la disputadas de esa legislatura, por necia, corriente y arribista. Pues resulta que ese puesto ya se lo ganó la diputada Victoria Gutiérrez, “la peor de todas”.
