Mientras el expresidente Andrés Manuel López Obrador le recetaba al pueblo «frijoles con gorgojos» y presumía de su austera vida republicana, su hijo Jesús Ernesto se daba el lujo de devorar filetes de res con oro como si fuera el heredero de un zar. En redes sociales circulan las fotos de Jesús Ernesto, el hijo menor de López Obrador. En las fotos se ve que ya casi le llega la circunferencia de la panza a la medida de Agustín Carstens, el funcionario foxista del que se burlaba López Obrador. Jesús Ernesto visitó el restaurante que el chef Salt Bae abrió en México; un restaurante en el que se sirven filetes de res con oro y cortes de más de 4 mil pesos.
Pues el pequeño Jesús Ernesto se comió unos cuantos filetitos de res envueltos en capitas de oro de 14 kilates. Para el “baby” lo mejor. Porque, claro, para los chairos siempre sobran las sobras y los insectos proteinados; mientras que para la dinastía de Palacio, solo lo mejor: carne premium decorada con láminas de oro comestible.
Nada más refinado que predicar miseria desde el púlpito y vivir como jeque en la intimidad. El pueblo aprieta el cinturón hasta asfixiarse, y los López comen oro. Esa es la verdadera transformación del «no me gusta el lujo» a «el lujo me queda de maravilla, pero solo a mí y a los míos». ¡Qué ejemplo de humildad, caray! Es seguro que con esa dieta Jesús Ernesto se pondrá más panzón, pero en una de esas con esa dieta hasta la panza le brilla.
