El yate, como muchas de las propiedades que Zenyazen Escobar acumuló mientras fue secretario de Educación, no está a su nombre. Todas esas propiedades las adquirió con la ayuda de prestanombres. El diputado federal de Morena, todavía con la cruda encima, salió a decir que él no participó en la fiesta que se llevaba a cabo en el yate “Squalo” que se incendió. El exsecretario de Educación dijo que él, como buen padre, estaba disfrutando de un paseo acuático con su hija. Fue entonces que vio a cuatro personas en el agua.
Zenyazen dice que él y su hija auxiliaron a las señoritas. De hecho, el diputado habló con la gobernadora Rocío Nahle para pedir ayuda y ambulancias. Como si el accidente fuera un asunto de estado, Zenyazen Escobar habló con su amigo, el subsecretario Pozos, para que estuviera al pendiente. Dice Zenyazen que él lo que hizo fue ayudar, como cualquier ciudadano lo hubiera hecho.
Por supuesto, no cualquier ciudadano tiene el teléfono de la gobernadora para pedir ambulancias, como él presume; no todos son amigos del subsecretario de Gobierno para dejarlo con el pendiente. La verdad es que la versión de Zenyazen Escobar está tan mal hecha como los tatuajes del dragón y la mojarra frita que le hiciera su tatuador oficial.
