Un test de inteligencia mide capacidades cognitivas como la lógica, el razonamiento verbal, espacial y numérico mediante preguntas estandarizadas. Suelen incluir retos de patrones, analogías y memoria de trabajo, diseñados para evaluar la rapidez y exactitud del procesamiento mental, a menudo limitados por tiempo. Por otro lado, los tests para detectar senilidad o deterioro cognitivo están diseñados para evaluar la memoria, la orientación, la atención y las habilidades lingüísticas mediante preguntas y tareas sencillas. Por ejemplo: «¿Qué día es hoy? (fecha, mes, año, día de la semana). ¿Dónde estamos? (lugar, piso, hospital/casa, ciudad, país)».
Donald Trump está tan senil o tan estúpido, que ante la prensa presumió un test para detectar su senilidad, con un test para medir su inteligencia. Ante la prensa declaró: «Me hice tres pruebas cognitivas. Saqué sobresaliente en todas, por cierto. Soy el único presidente que se ha hecho una prueba cognitiva. No creo que Obama pudiera aprobarla. La primera pregunta es muy fácil: hay un león, una jirafa, un oso y un tiburón. Te dicen: ‘¿Cuál es el oso?’».
Ese es el tipo de pruebas que Trump presume él sí las aprueba, preguntas que se le hacen a un párvulo o a una persona que ya no distingue entre la realidad y la imaginación; o en su caso, que ya no distingue el bien del mal.
