Ahora sabemos que se llama Julio César Jasso Ramírez, pero desde hace más de 10 años empezó a utilizar las redes sociales abriendo varios perfiles en Twitter, ahora “X”. En uno de esos perfiles se hace pasar por sevillano y defiende a la ultraderecha española, lo mismo que a Mussolini y al facismo. Con el tiempo las redes sociales lo volvieron imbécil, proceso en el que ahora mismo muchos usuarios están pasando. Se sentía superior. En unas fotos que subió hace años presumía haber escrito un libro.
En uno de sus perfiles, @EdmundMcCrowder, presumía sus oficios y gustos: «Escritor, compositor, ecologista, artista, dibujante, VEGANO, lector, #LittleMonster, amante de Dios, Mamá ,La Tierra y Lady Gaga. Futuro Científico (sic)». En pocas palabras, era todo y nada a la vez, como muchos de esos creadores de contenido que abundan en las redes sociales, gente sin oficio, creadores de viento, engendros del ocio. Julio César Jasso se ha convertido en una advertencia.
Las redes sociales se han vuelto nocivas, los jóvenes sin preparación, manipulables e imbéciles han hecho de las redes sociales su realidad alterna, una realidad en la que pretenden ocultar su frustración, su impotencia, su rencor, su derrota. Al final, cuando estos engendros eclosionan ya han aprendido cómo hacer daño a los demás, para desquitarse del daño que se han hecho a sí mismos.
