En un comunicado emitido por Pemex, se reconoció que «El Gobierno de México mantiene un operativo de atención interinstitucional ante la presencia de hidrocarburos detectada en inmediaciones de Dos Bocas, Tabasco». Además de eso, los mismos pescadores de Dos Bocas reportaron la contaminación de las lagunas donde pescan. Pues a pesar de eso, el secretario de Marina, almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, «informó que hay tres fuentes del origen del contaminante tras el derrame petrolero en el Golfo de México, entre ellas un buque que estuvo fondeado en inmediaciones de Coatzacoalcos».
La segunda fuente de contaminación «corresponde a emanaciones naturales de las chapopoteras que se encuentran cerca del puerto de Coatzacoalcos». La tercera fuente de contaminación son «emanaciones naturales que se encuentran a 60 millas de Ciudad del Carmen, en Campeche». Pero en ningún momento, a pesar de que Pemex reconoció el derrame en Dos Bocas, el almirante quiso reconocer que una de las fuentes principales de la contaminación es la refinería Olmeca de Dos Bocas.
Si hay evidencia firme, ¿para qué tanto encubrimiento? Se tardaron casi un mes para localizar el “barco fantasma”, el que siempre estuvo en sus narices, ahora, con tal de encubrir la culpa de Dos Bocas y la responsabilidad de Rocío Nahle, le echan la culpa a las “emanaciones naturales”.
