Nadie le podía decir que no, nadie lo podía corregir, nadie se atrevió a decirle a López Obrador que el Tren Maya era un proyecto que se podía modificar para hacerlo más rentable. Las rutas, por ejemplo, se pudieron hacer panorámicas, las estaciones debieron estar al alcance de las personas que viajan todos los días entre Cancún y Playa del Carmen a trabajar. Los trenes pudieron haber sido más cómodos, más elegantes. No era necesario hacerlo tan extenso, con que se hubiera cubierto la Riviera Maya, digamos a Bacalar, bastaba.
Pero nadie se atrevió a contradecir a un López Obrador obsesionado por quedar en la historia como el gran constructor. Las consecuencias desastrosas saltan a la vista. Reporta el periódico El Universal: «Durante 2025, el Tren Maya y los hoteles construidos en la ruta, administrados por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), tuvieron pérdidas en conjunto por más de 6 mil 398 millones de pesos.
»De acuerdo con los estados financieros, Grupo Mundo Maya, que administra siete hoteles en el sureste del país, tuvo pérdidas por 2 mil 819 millones 703 mil 399 pesos. Mientras que el Tren Maya tuvo pérdidas por 3 mil 579 millones 87 mil 720 pesos sólo de enero a septiembre de 2025, de acuerdo con su último estado financiero del año pasado».
