Duarte la hizo y la deshizo. Gina se empoderó como no lo ha hecho otro encargado de Comunicación Social y el poder la hizo arrogante, soberbia y torpe. La riqueza de Gina Domínguez se fue construyendo a base de convenios con pseudoperiodistas, con abyectos comunicadores que han pasado a mejor vida. Ella les otorgaba a esos medios “zopiloteros” el convenio millonario de manera verbal, lo inflaba para después mocharles la mitad. Por eso asaltaron su casa, abrieron su caja fuerte y se llevaron millones de pesos que nunca reclamó.
Por eso fue a parar a la cárcel, en donde recibió la visita de una periodista, que entonces era diputada, a la que ella misma había atacado. Pidió misericordia y recibió compasión. Cuando pensó que todo mundo se había olvidado de ella, no era difícil olvidarse de ella, un juez ordenó que fuera llevada a juicio por los millonarios desfalcos que operó desde Comunicación Social en los tiempos de Javier Duarte. Gina Domínguez anda libre. Quizá ande buscando una cajuela que la saque del estado, una cajuela donde quepa ella, sus miserias y sus pecados.

