La breve vida de Maya. Adiós Maya preciosa, mi cachorrita eterna

Maya
La breve vida de Maya. Adiós Maya preciosa, mi cachorrita eterna FOTO: WEB

«A Maya la recogimos de la calle. Era una cachorrita de semanas que se le atravesaba a los autos en la calle. Como no quería ver que la aplastaran le dije a David que la pusiera a resguardo. Pero apenas la quitábamos de la calle ella regresaba a torear las llantas de los autos. Entonces no me quedó de otra que adoptarla. Le pedimos a un vendedor de Gamesa que nos regalara una caja y fuimos por la cachorra. Hasta ese momento me di cuenta del desastre que era. Tenía más pulgas que días de vivido, tenía una infección en la piel que parecía sarna, estaba gordita, pensamos que por bien alimentada. La subimos al auto, le tomamos su primera foto; las pulgas fueron las que aparecieron en primer plano. Le quitamos las pulgas y las lombrices, que eran las que hinchaban su vientre y le curamos la roña. Desde que llegó a la casa le echó el ojo a un sofá naranja, recién tapizado, después de tanto retirarla optamos por dejarla ahí. Había días que me levantaba temprano para encender el calentador del baño y Maya se despertaba con estornudos.

»Algo tenía Maya, se ponía a jugar con nosotros, nos mordía las sandalias, nos miraba extrañada. Cada que regresaba del trabajo me recibía como si tuviera meses de no verla. A veces, después de pasear por el lugar donde la encontramos, Maya se ponía seria, olfateaba su pasado, quizá se sentía dichosa de no estar mendigando en la calle. Luego nos miraba seria, como preguntándose qué le habíamos visto como para que nos decidiéramos a cuidarla. Ella no lo sabe, pero cuando se cansa de retozar y se duerme, la miro dormida, tan pequeña y vulnerable, entonces entiendo que no tuve corazón para dejarla, tan cachorra, a su suerte». Este relato lo escribí hace más de 11 años, cuando encontramos a Maya. Ayer, 24 de septiembre, Maya nos dejó. No saben cuánto nos ha dolido; ella era de la familia.

Se fue meses después de que nos dejó Azula, a quien ella extrañaba; se fue años después de Toby, quien llegó de la calle a la casa porque ella lo llamó. Se fue Maya y nos deja su recuerdo, su cariño, su alegría. Se fue Maya pero nos queda la satisfacción de que hicimos todo lo posible porque tuviera no una vida digna, sino una vida plena, llena de cariño y comodidad. Se fue Maya a punto de cumplir 12 años de nacida. Los dos David, David Ernesto y David Santiago ya la lloraron. Recuerdo que mi nieto, cada que llegaba del kínder, iba al patio a buscar a Maya para acariciarle las orejas. Yo también la lloré, pero a ratos, cuando me acuerdo de ella, de sus paseos, de sus recibimientos, de sus ladridos de alegría, doy gracias a Dios de que la hubiera puesto en nuestro camino esa tarde en que cambió su destino. Adiós Maya preciosa, mi cachorrita eterna.

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