«Fue asesora en organizaciones civiles como ASER y MAIZ, consejera electoral en el INE y diputada local por Xalapa, donde no solo votó leyes: las defendió con estrategia y rostro humano. Dirigió el Instituto de Pensiones del Estado, no como burócrata, sino como alguien que entendía que las pensiones no son cifras: son lo que permite a una maestra jubilada seguir pagando sus medicinas, a un obrero comer caliente. Su trayectoria, larga y consistente, es un rompecabezas de acciones coherentes. No hay giros dramáticos ni cambios de bandera. Hay constancia.
»Y en un país acostumbrado a políticos camaleónicos, eso —la coherencia— es una forma de radicalismo. Durante la entrevista, hubo respuestas brillantes, sí. Pero lo que me sacudió fue su forma de nombrar lo invisible. Daniela habló de desigualdad como quien la ha vivido. De pensiones como quien las ha peleado. De ciudad como quien la ha caminado con los pies, no con helicóptero. Se refirió a su paso por el Instituto de Pensiones sin triunfalismos. Habló de retos. De resistencias. De negociaciones. Pero sobre todo, de rostros. Porque lo suyo no son los datos vacíos, sino los datos que respiran». La semblanza sigue, pero con esta probadita dan ganas de ver la entrevista completa.

