La “droga zombie”, término que se refiere principalmente a la mezcla de fentanilo con xilacina, un sedante veterinario, ha generado una creciente preocupación en México y América Latina debido a sus devastadores efectos en la salud y su rápida expansión. Esta combinación, conocida en las calles como “tranq” o “tranq dope”, se ha convertido en una amenaza para la salud pública, particularmente entre la población joven, por su alta potencia, accesibilidad y efectos adictivos. El fentanilo es un opioide sintético hasta 100 veces más potente que la morfina y 50 veces más fuerte que la heroína. La xilacina, por su parte, es un sedante no opioide utilizado en veterinaria, que al mezclarse con el fentanilo prolonga sus efectos y abarata su producción, pero incrementa significativamente los riesgos para los consumidores.
Esta mezcla recibe el apodo de “droga zombie” porque provoca un estado de sedación extrema, descoordinación, letargo y una apariencia física demacrada, con movimientos torpes que recuerdan a los “zombies” de la cultura popular. En México, la presencia de la “droga zombie” se ha detectado principalmente en ciudades fronterizas como Tijuana y Mexicali, donde los cárteles mezclan xilacina con fentanilo y heroína para maximizar ganancias.
Un estudio del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz encontró xilacina en 35 residuos de heroína mezclada con fentanilo y 26 residuos de fentanilo en estas ciudades. La Secretaría de Salud y la Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) emitieron alertas en abril de 2024 para el personal de salud en zonas fronterizas, advirtiendo sobre los riesgos de esta combinación.
