El uso de las redes sociales impĺica una gran responsabilidad. En algunos casos las redes sociales han servido para localizar a personas extraviadas, para denunciar actos delictivos, para dar con los delincuentes de esos actos delictivos. Hay un uso correcto de las redes sociales y es plausible. Sin embargo, algunas personas se han valido de las redes sociales para hacer acusaciones falsas, para llevar a cabo campañas de discriminación y odio, incluso para iniciar cacerías criminales. Recientemente nos enteramos del caso de una mujer que acusó falsamente a un conductor de Uber. En redes se difundió el video y la saña con la que actuó la mujer. Del caso sólo se sabe lo que aparece en el video. No estamos enterados si el conductor hizo una denuncia, si las autoridades ya están sobre el rastro de la mujer.
Sin embargo, en redes sociales ya se ha dado el juicio y se ha emitido una sentencia. Se ha soltado una cacería, primero para identificar a la mujer, después para señalarla y al final, esperemos que no, para sancionarla. Como el rostro de la mujer no es muy visible en el video, algunos han usado la Inteligencia Artificial para completar el rostro, lo que ha dado varias versiones de ese rostro, lo que ha derivado en varias acusaciones falsas, señalamientos erróneos que ponen en peligro a personas inocentes.
Pero esto ocurre ante el vacío que deja la autoridad. Si el conductor denuncia, debemos dejar que sea la autoridad la que actúe. Si el conductor no denuncia, él sabrá por qué, y todos en paz, aunque creamos que se ha cometido una injusticia. Pero lo más grave será que se dañe a inocentes en una cacería que se está saliendo de control.
