Donald Trump vende muy bien la animadversión que siente contra México. En su primera campaña el presidente Trump prometió erigir un muro en la frontera; aseguró que el muro lo iba a pagar México. ¿Para qué ese muro? Pues para que los mexicanos ladrones y traficantes de drogas no cruzaran la frontera, porque esa es la visión que tiene del pueblo mexicano: «Un pueblo de traficantes, ladrones y violadores». A pesar del maltrato que Trump le ha dado al gobierno de México, el presidente López Obrador insiste en defenderlo.
Sobre las más de 30 imputaciones en contra de Donald Trump, el presidente de México declaró: «Reitero, refrendo, mantengo mi postura de que no debe utilizarse lo jurídico, los asuntos supuestamente legales con propósitos políticos-electorales. Por eso no estoy de acuerdo con lo que le están haciendo al expresidente Trump, es que yo ya lo padecí, y que no quieran descalificar a nadie en ninguna parte del mundo».
Es difícil creer que al presidente mexicano en realidad le importe el destino de Donald Trump; tampoco es creíble que Trump lo considere su amigo. Toda esta defensa burda del presidente es una forma de fastidio para el gobierno del presidente Biden; pero además es una distracción para que los mexicanos se olviden de los asuntos importantes y se ocupen en las necedades presidenciales.
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