Un municipio, por ejemplo, tenía decenas de Jóvenes Construyendo el Futuro, realizando labores de oficina o mantenimiento, sin pagarles un sueldo, pues el gobierno federal les daba su beca. Más tarde, los encargados de este programa, ya sea en la Secretaría del Trabajo o Bienestar, empezaron a sumar becarios fantasmas, sumando miles de becas que iban a parar a las cuentas del coordinador. Al final, este programa resultó un rotundo fracaso.
Héctor Hiram Hernández Bringas, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM comenta sobre este fracaso institucional: «Los programas sociales, sumados a las distintas becas, distan mucho de ser una estrategia que atienda a las causas estructurales de la violencia. Es decir, 6 mil pesos mensuales los pueden ganar los jóvenes lavando autos o limpiando parabrisas, pero esa cifra y esa cobertura tan ínfima no han logrado, desde 2018, alejarlos del crimen, de la violencia y ahí están los datos al alza de adolescentes y jóvenes que están muriendo a manos del crimen».
