De verdad que resulta incongruente que un jefe de Estado, que ha buscado privilegiar al Ejército mexicano, al que por cierto le ha dado absolutamente todo lo que le pidan y que le ha dado obras de construcción y de vigilancia en las calles, salga con una propuesta pacificadora. Su decisión insistente de que la Guardia Nacional pase a manos del Ejército, aun tendrá que pasar el filtro del Senado, donde por cierto la influencia de Ricardo Monreal es notoria.
Además de que esta iniciativa presidencial ha provocado más incertidumbre que certeza de la violencia cese en muchos estados del país. Por lo pronto, el presidente López Obrador, emulando al bien querido Mario Moreno Cantinflas, se pone al tú por tú con la ONU. Como dijera la oriunda de Alto Lucero: «Pa’ puras vergüenzas».
