»A mis hermanos Pío y Martinazo les dejo toda la impunidad con que la Cuarta Transformación los pueda cobijar; que nadie se atreva a tocarlos ni con el pétalo de una denuncia. A mis hijos no les dejo nada, porque desde que empecé el sexenio los heredé en vida dándoles carta abierta para que hicieran negocios velados en mi gobierno con su chocolatera fantasma. A mi esposa Beatriz Gutiérrez Müller, quien me acompañara en este último tramo de mi vida, le dejo su admiración a mí, su cariño a mí, su dependencia a mí; sé que sin mí su vida hubiera sido vacía y sin propósito.
»A Claudia Sheinbaum, creo que está muy claro, le dejo la presidencia de México para que siga con el proyecto de la Cuarta Transformación, para que guarde en impunidad a todos mis seres queridos y para que erija en mi honor un monumento de halagos que llenen en un futuro los libros de historia. A Marcelo Ebrard le dejo la frustración intrínseca y una disculpa por haberlo hecho creer en algún momento que podría haber sido mi sucesor. A los militantes de Morena les dejo la satisfacción de haberme servido por nada; su altruismo será algún día recompensado si es que hubiese un dios justiciero…»