Estos hechos han sido un verdadero agravio para los veracruzanos que les confiaron su voto y sólo son una muestra de que no saben gobernar. Pero lo peor de todo ha sido el desaseado trabajo que ha realizado su segundo a bordo, el manoseo al poder Judicial y Legislativo coloca a estos actores como simples lacayos del poder Ejecutivo. Si hay que repartir culpas del fracaso del gobierno de Cuitláhuac García y del palo legal que le propinó la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) a su reforma electoral, gran parte les corresponde a Éric Cisneros y al titular de la Junta de Coordinación Política en el Congreso del Estado, Juan Javier Gómez Cazarín.
Por todo eso, el febril proyecto de continuar gobernando no sólo se desvanece para Cuitláhuac García, sino también para toda la fauna política que compone la cuarta transformación jarocha. Sin embargo, aún tienen la oportunidad de demostrar que tienen la aprobación ciudadana si en las próximas elecciones ganan la mayoría de diputaciones y alcaldías, aunque a como están las cosas, eso sería una monumental hazaña.