Vendía pequeñas dosis de mariguana y de cocaína y se decía respaldado por uno de los cárteles trasnacionales. Todo bien hasta que un día el joven fue levantado por los miembros del Cártel de Tláhuac. Al Junior, como le decían al chamaco, le dieron una buena escarmentada, lo golpearon y lo envolvieron en plástico, le pusieron una bolsa amarilla en la cabeza y lo dejaron en la puerta de su casa con un mensaje: «Que no se quiera sentir muy ver.. el hijo de pu…».
Las autoridades acudieron al lugar, pero los padres, gente humilde que vive de su trabajo, prefirió no meter denuncia, en fin, sólo fueron unos buenos golpes propinados a su hijo, quien se los ganó a pulso. Por supuesto, se espera que el joven haya entendido la lección. Esto ocurrió en la colonia Granjas en el sur de la Ciudad, donde por cierto los hechos delictivos están a la orden del día.
