Dijo que le gusta llamar la atención, obviamente no parecía estar en sus cabales. Las compañeras reporteras empatizaron con ella y pidieron que alguna autoridad, Derechos Humanos o el Instituto Veracruzano de la Mujer la apoyaran, porque al parecer estaba sufriendo una crisis nerviosa. Eurídice hablaba por teléfono, le hablaban, descalza recorría la plataforma de la grúa, se subía y bajada de su auto retenido. La grúa no se animaba a llevarse el auto mientras la mujer siguiera arriba. Eurídice seguía dialogando con los periodistas, a una de ellas la invitó a subir al auto.
Finalmente bajó de la grúa por lo que el chofer se llevó el auto y a ella la dirigieron a Palacio de Gobierno. Por cierto, nadie, absolutamente nadie, ni del ayuntamiento de Xalapa ni del Gobierno del estado acudieron a ayudarla. Eurídice sólo recibió indiferencia del gobierno, empatía de las reporteras y atención por parte de los ciudadanos.
