Es más, estamos seguros que López Obrador debió haber ordenado una limpia a todo Palacio Nacional, segurito que los brujos o santeros recorrieron habitación por habitación para ahuyentar todas las malas vibras. Recordemos que el presidente, a diferencia de sus antecesores, atiende en el Palacio ubicado al frente del Zócalo de la Ciudad de México, ese lugar que por muchos años permaneció vacío y que solo era utilizado para eventos oficiales importantes.
Ahora sí ha quedado demostrado que AMLO es un supersticioso de primera, pues desde su campaña ha venido compartiendo algunos de sus amuletos de la suerte. Desde el famoso dólar o el billete de 200 pesos que siempre le acompañan, hasta las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús que viajan con él a todas partes, son solo algunos de los amuletos de la suerte del jefe del ejecutivo federal. Ahora también se confiesa un creyente de las limpias, y como dicen unos: «Cada quien con sus creencias».