A quien por cierto, sus planes no le salieron como él quería: no consiguió que su candidato ganara la contienda presidencial y no previó siquiera conseguir un puesto como diputado o senador que le permitiera mantenerse vigente. Todo indica que Nuño Mayer fue su propio verdugo, ya que se enfrascó tanto con el asunto de la Reforma Educativa, que descuidó planear un plan B.
Y para colmo de males, su archienemiga, la maestra Elba Esther Gordillo, salió de la cárcel incólume y libre de culpa. Así que, con los vientos democráticos de la cuarta transformación, Aurelio Nuño sigue cosechando lo que dejó sembrado: el olvido y el repudio de miles de maestro, que en estos momentos son los consentidos de Andrés Manuel López Obrador.