Ya leyó usted “Lucy y el monstruo”, ese cuento que está causando polémica entre las buenas consciencias de este país. El autor es Ricardo Bernal, quien lo escribió como una tarea para la Escuela de Escritores de la SOGEM. La verdad es que el cuento es muy malo, tan malo que, confiesa Bernal, ni a él le gusta: «Nunca ha sido de mis cuentos favoritos, me da un poco de muina que sea tan conocido cuando, según yo, tengo cuentos mejores».
El cuento consta de dos cartas, una de Lucy dirigida a el monstruo y otra del monstruo dirigida a Lucy. En su carta Lucy le reprocha al monstruo su inexistencia, su padre le dijo que los monstruos no existen y que por ello ya no le tendrá miedo. En la segunda carta el monstruo responde a Lucy, quien por cierto ya está muerta y por ello el monstruo no se la come porque no le gustan los niños muertos.
Este cuento está en los libros de texto para los alumnos de quinto grado. El cuento además de malo, está fuera de lugar, no sólo por su ambigüedad, sino por sus imágenes que a un adulto no espantan y a un niño sólo le crean desconcierto.
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