Ellos, líderes de la Cuarta Transformación, apóstoles de López Obrador, olvidaron que su “mesías” les pidió que en el recorrido por los senderos del país no deberían llevar pan ni alforja ni dinero, «ya Dios proveerá». Pero la frivolidad es un licor dulce y exquisito que embriaga a las personas superficiales, a los que no traen más que ocurrencias en la cabeza, a las personas vacías que creen que vistiéndose de seda dejarán de ser monas; pero «monas se quedan».
El sólo hecho de dejarse retratar en el escaparate de la frivolidad uno, y el otro en el escaparate de la corrupción, ya demuestra que los líderes de la Cuarta Transformación son capaces de cometer errores; se vuelven clientes de los que venden espejitos, de los lobos de mar que hay en la política. Entonces, el compromiso que tenían con la sociedad se transforma en un compromiso con ellos mismos. ¡La frivolidad y la corrupción siempre van de la mano!
