Mendoza Rosendo usó y abusó del nombre y la persona de Sergio Pitol; lucró con su fama para su propio beneficio y hasta puso en riesgo su vida. Una vez que se mostraron las evidencias, una vez que se demostró que Sergio Pitol vivía un infierno en manos de Rosendo y de sus cómplices, la Universidad Veracruzana debió manifestar una postura firme a favor de Sergio Pitol y en contra del manipulador. Pero no, Sara nunca entendió, porque como dijera Cantinflas, «es corta de entendederas».
Tan no entendió el agravio que no le importó la infamia y colocó a Rodolfo Mendoza en Difusión Cultural de la UV, un lugar que había tenido antes una mujer de una gran estatura moral, Esther Hernández Palacios. Sara con ello participa del agravio, pero ni se da cuenta, porque a pesar de que se le sugirió que no se presentara al funeral, por encubridora, llegó con su cara de Magdalena a dar las condolencias. Como dijimos, la familia Deméneghi se portó a la altura y con mucha dignidad, porque la dejaron pasar.
