Él niega de inmediato las acusaciones, pero para librarse debe ser llevado a la hoguera como a sus vecinos, debe confesar falsamente que ha tenido conversaciones con el diablo. Abigail lo acusa y Proctor, quien no accede a firmar una confesión falsa, es llevado a la hoguera. Bien, la actitud de algunas mujeres en los Estados Unidos, actrices de Hollywood, están adoptando la misma actitud de Abigail Williams y están usando el #MeToo, movimiento en contra del acoso sexual, como un arma para destruir a aquellos que en su momento hicieron caso omiso de sus insinuaciones.
Otras magnifican los hechos y en su “puritanismo de reestreno”, califican algún intento de abrazo, una mirada indiscreta, algún toqueteo torpe, algún flirteo como un acto libidinoso de acoso. Entonces señalan, como Abigail Williams, a hombres que seguramente no eran tan justos como el Proctor de Arthur Miller, pero sí torpes, abusivos, pasados de lanza, diríamos en México, pero no acosadores.
