La inclinación de este mandatario que se identifica con un nacionalismo blanco, como el de su exasesor Steve Bannon, hoy en desgracia por andar de comadre lavandera y contar los supuestos trapos sucios de una Casa Blanca en manos de un hombre irracional. Lo que está claro es que, a diferencia de sus admirados escandinavos, para Trump los africanos, haitianos o salvadoreños, y desde luego mexicanos, no son bien vistos en el país del norte.
Por lo pronto, los insultos contra centroamericanos, caribeños y africanos han caldo muy hondo en el ánimo de varias naciones, tanto así que republicanos como demócratas se están viendo obligados a cuestionar el estado mental de su presidente. Por cierto, ¿invitaría a comer a su mesa, a Donald Trump?
