En la mitología jarocha, Duarte era el mero-mero rey de Veracruz. Por su abyección y sometimiento con el Tío Fide, éste le otorgó el poder de convertir en estiércol todo cuanto tocara. Pero a diferencia del rey Midas, Duarte ni bañándose en el río Sedeño pudo liberarse de ese don. Por eso, que no le se sorprenda que el proceso judicial contra Javier Duarte emane un aroma a wáter de tianguis.
Javier Duarte tocó el dinero de educación y lo hizo estiércol; tocó el dinero de Salud y pasó lo mismo, y cuando creímos que ya no se podía ser más cochino, se robó el dinero de la seguridad de los veracruzanos.
Hoy el Rey Midas tropical descansa en una cárcel mexicana; ha perdido la vergüenza, su cinismo es descomunal, se la pasa alegando su inocencia; sin embargo, el malogrado exgobernador olvida que el fétido y pútrido aroma de la corrupción, que lo lleva impregnado en lo más oscuro y profundo de su ser.
