Un día Javier Duarte le pidió a Gina Dominguez que hablara con los miembros más cercanos de su gabinete para trasmitirles una amonestación de su parte. Pero Gina se tomó muy en serio su papel de vicegobernadora por lo que se reunió con esos miembros, incluido el secretario de Gobierno Érick Lagos, y les puso la regañiza de su vida.
Érick no lo soportó, tampoco los otros por lo que desde ese momento planearon sacar a Gina de la jugada y lo consiguieron. Todavía en esa época Gina pidió a uno de sus amanuenses que la pusiera como una heroína, una Juan de Arco moderna. Pero ni invocando a esa mujer logró que le perdonaran su error. Gina cayó y Silva se encumbró.
