Ella fue durante tres años la mano que meció la cuna. Su enriquecimiento era tan ostentoso que no se podía meter debajo de la cama. ¿Por qué no huyó Gina? Porque pensó que la iba a librar, porque pensó que había hecho las cosas bien. Porque pensó que nadie la iba a delatar.
Pero el clamor entre los periodistas y parte importante de la sociedad civil, esa que tiene memoria y que se acordaba de los abusos de Gina y de su corrupción, esos no quitaron el dedo del renglón. Gina tenía que pisar la cárcel por ladrona, corrupta, infame; Gina es una despreciable criminal.
