A los bebés que las madres cargan les dice macacos, asegura que los va a matar, les llama liendres y hace un supuesto esfuerzo telepático para matar a un bebé; a una niña con síndrome de Down la llama degenerada; a un joven que está caminando en la calle lo pasa atropellando, dejándolo caído en el suelo; en el boulevard grita a las personas, sobre todo mujeres, que mueran; a unos niños que entrenan futbol en un campo pregunta si ya los desollaron o los están preparando para morir.
Por supuesto la justicia por propia mano no es el camino para poner en su lugar a esta clase de sociópatas que llegan a nuestro país a echar el vómito de odio. Sin embargo, los vecinos de Cancún no pudieron contener su furia, máxime que cuando llegaron a reclamarle al ruso por sus insultos, éste se subió a la azotea de la casa donde rentaba un cuarto y se puso a insultarlos todavía más.
El resultado es el que se esperaba. Al final nos preguntamos como en la obra de Lope de Vega: «¿Quién mató al Comendador?» y la respuesta es la misma; «Fuenteovejuna, señor».
