O como Leticia Perlasca que daba contratos millonarios a las empresas de su pareja sentimental y luego exigía del Fideicomiso del 2% al Hospedaje que se pagaran esas facturas. Pero hubo otras maneras de robar en los sexenios anteriores. Los contratos para obra que no se otorgaban a menos que el contratista depositara por anticipado el 20 por ciento o el 30 por ciento de comisión.
Esto obligaba a que una vez que el contratista obtenía el presupuesto para la obra, ésta tuviera que ser de menos calidad, lo que redundaba en perjuicio para las comunidades donde se llevaba a cabo la obra. También hubo robo por medio de los aviadores. En menor escala, pero algunos directores colocaban a sus familiares y amigos con sueldos altos que al final esos sueldos se metían a una licuadora y el que se quedaba con la mayor parte era el director.
