Son esos, los que andan dando vueltas en las oficinas de gobierno, sin un escritorio donde sentarse (pues nunca lo requirieron), los que andan haciendo ruido por esas “injusticias”. De repente se les despertaron las ganas de trabajar, de repente se olvidaron que eran duartistas y que su único trabajo era defender a Duarte en sus cuentas de Facebook, de repente se sienten víctimas cuando durante seis o doce años no hicieron otra cosa que cobrar un sueldo que no merecían.
Por supuesto se pueden dar injusticias, pero una persona que pueda demostrar su trabajo, una persona a quien los compañeros de oficina identifican como trabajadora, esa persona merece quedarse en su puesto. Es por ello que se requiere sensibilidad por parte de quien tiene que tomar la decisión de despedir o ratificar a un trabajador de gobierno.
