No le costó mucho convencer a sus amigos de la juventud, no le costó mucho convencer a su hermano; menos le costó convencer a su suegro, Tony Macías, quien ya había conocido la cárcel por fraude; no le costó trabajo convencer a Karime, su esposa, pues ella también estaba ávida de lujos y dinero (ese anillo de 200 mil dólares no tuvo madre); no le costó mucho convencer a sus colaboradores, muchos de ellos ya eran delincuentes de siete suelas y lo siguen siendo.
A todos estos miembros de la banda duartista se fueron sumando otros que también quisieron aprovechar la bonanza mal habida: la hermana y sobrinas de Karime, la madre de Karime. Poco a poco la banda se fue volviendo un verdadero cártel delincuencial. Pero para saquear el dinero también necesitó de personal especializado, gente muy avezada en los temas fiscales y financieros; esos también están en la mira.
