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«Me golpearon pero no me rajo»… Duele más la Reforma educativa

Luis Ortiz Ramírez / El viernes 20 del presente mes, Juan Carlos Quijano un humilde maestro de  primaria  originario de las Choapas,  del nivel  de primaria,  ya estaba listo para protestar contra la evaluación docente. Se preparó junto con otros compañeros. En su mochila llevaba sus marcadores  y unas cartulinas dobladas que decían “No a la evaluación punitiva”, ya había juntado lo  que le correspondía para la gasolina. Ya que  el viaje de las Choapas a Boca del rio es de cinco a seis horas.

Juan Carlos Ingreso al magisterio  en agosto del 2013, está frente a un grupo de 20 niños, es titulado y desde que entro a las filas del magisterio, se dio cuenta de las carencias en las escuelas, de las injusticias que cometen los líderes sindicales, por eso decidió luchar contra la Reforma Educativa.

Este humilde y aguerrido maestro, trabaja  en una comunidad rural que pertenece al municipio de Las Choapas, le ha tocado  picar piedra como muchos nuevos que llegan a la zona. Es hijo de padres maestros con un sentido de la justicia muy desarrollado.

El sábado afuera de la Arena Veracruz en Boca del Rio el ambiente era de tensa calma, atrás del estadio de escuchaban los ladridos de los  perros de la policía. En el cemento se  sentía  y escuchaba cuando los granaderos marchaban hacia el contingente  de maestros y maestras, entre estos se encontraba Juan Carlos. Cuando se  acercaron  se podían observar varios tipos serios, morenos con casquete corto  y con la mirada perdida, venían protegidos por la misma policía.

Hubo un enfrentamiento verbal, empujones consignas, mentadas de madre, golpes, jaloneos, pero de ahí no paso. Algunos maestros notificados, muy pocos, a regadientes lograron entrar para ser evaluados. El bloqueo había sido exitoso.

El sábado por la noche Juan Carlos se comunicó con varios conocidos. Salió a cenar con sus compañeros, había buen ánimo, sabía que en Xalapa el bloqueo también había sido exitoso. El domingo muy temprano, después de bañarse se puso su pantalón de mezclilla y  su sudadera azul marino ya que la mañana estaba fresca. Desayuno bien y se enfilo hacia la  Arena Veracruz.

El ambiente era diferente. En el cemento no solo se escuchaban, también se sentían los cascos de los caballos, los ladridos  de los perros eran más altos, se comenzó a escuchar la marcha de los policías, había muchas camionetas de la marina y nuevamente se encontraban los tipos morenos con casquete corto con, los mismos del día anterior, pero ahora eran más (ahora se sabe que muchos eran trabajadores de TAMSA) y desde luego también venían protegidos por la misma policía.

Golpeadores protegidos por la Secretaría  de Seguridad Pública  del Estado de Veracruz, golpean salvajemente a Juan Carlos Quijano.

El enfrentamiento fue brutal, la caballería se abalanzo contra unas maestras que comenzaron a grabar las acciones con su celular. Mientras una maestra era arrojada al suelo como un guiñapo por un policía ensoberbecido por la orden de parar a todo el que pareciera sospechoso, Juan Carlos se agacho a levantar a la maestra y ponerla a salvo, en ese momento un tipo de playera roja lo señala y da la orden  atacarlo, como una manada  de hienas cayeron sobre el  joven maestro de primaria.

Todavía trato de defenderse del  brutal ataque  pero entre dos tipos lo tiran al suelo, un tipo chaparro y moreno con pinta de clase baja, vestido con una playera de México se da vuelo golpeándolo en la cabeza, otro con una playera desgastada  verde oscura de gorra blanca  y pantalón de mezclilla emula lo que hace el chaparro, otro más, con chaleco oscuro y cuello naranja también aprovecha la oportunidad de golpear al peligroso profesor de primaria. En total participan siete tipos plenamente identificados por las cámaras de los medios que valientemente cubrieron la manifestación magisterial.

Juan Carlos Quijano logra levantarse después de la golpiza.

Ese mismo día me pongo en contacto con mi amigo, le pregunto qué había pasado y si necesitaba algo. Me dijo “todo bien amigo, me dieron mi novatada. Le sugiero que busquemos la asesoría de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos. Y me respondió, “eso es muy tardado, mejor que esto sirva para que muchos maestros se den cuenta que duelen más los golpes de la Reforma que una golpiza, me golpearon pero no me rajo, lucho por algo justo, hay maestros cobardes, eso también lo sé.”

Me despido de Juan Carlos, diciéndole que se cuide. Y me quedo pensando en cuantos Juan Carlos habrá en el país que se exponen por defender lo que otros ni siquiera valoran: Los derechos laborales.