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Nohemí y la inseguridad

Brenda Caballero / “Un limón, es bueno regresar a la naturaleza”; ése era el remedio que me daba un amigo ante mi dolor de cabeza del día de ayer.

Generalmente no me gusta tomar medicamento para el dolor, sin embargo, al escribir estas letras, el malestar era tan intenso que tuve que tomar un par de aspirinas.

Desde luego que mi dolor no se compara con el de la familia de Guadalupe Nohemí Dávila Castillo, quien ayer fuera asesinada a balazos por unos desconocidos que iban a bordo de una motocicleta, cuando llevaba a su hija a la escuela, quien al ver el ataque, gritó desesperada para recibir ayuda.

Nohemí había descansado ese día. Ya no regresará a su labor como oficial de la Secretaría de Seguridad Pública.

Lo más triste del caso es que este terrible acontecimiento sucedió a unos metros del gimnasio donde se ejercita el Secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, el mismo lugar donde montan un operativo como de diez policías o más para que Bermúdez transite de su vehículo al gimnasio y viceversa.

Lástima que Nohemí transitara muy temprano, hora que no coincide con el entrenamiento del Secretario.

Posterior al crimen, se montó un operativo y empezaron a revisar a los conductores de motocicletas; sin embargo, fue inútil… el daño estaba hecho.

Coincidentemente ayer, leía el boletín de los resultados de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (Envipe) 2015 dado a conocer a finales de septiembre.

La encuesta genera información a nivel nacional y por entidad federativa sobre el fenómeno de la victimización delictiva durante 2014, así como da a conocer la percepción social respecto de la seguridad pública y el desempeño de las autoridades.

La principal aportación de la encuesta es hacer estimaciones sobre la victimización que afecta de manera directa a las personas y a los hogares en los delitos de robo total de vehículo; robo parcial de vehículo; robo en casa habitación; robo o asalto en calle o transporte público; robo en forma distinta a las anteriores (como carterismo, allanamientos con robo en patio o cochera, abigeato); fraude; extorsión; amenazas verbales; lesiones y otros delitos distintos a los anteriores (como secuestros y delitos sexuales).

A nivel nacional, los puntos destacados fueron:

Pero ocupémonos de Veracruz, que llamó mi atención. Según la Enpive, en 2015 hubo una disminución en el número de víctimas del 15 por ciento; de 20 mil 246 en 2013, a 17 mil 208 en 2014. De igual forma, la tasa de incidencia delictiva bajó un 25.9 por ciento. Es decir: vamos mejorando. ¿Será?

La misma encuesta indica que en Veracruz, los delitos más frecuentes son: En primer lugar, extorsión; segundo, robo o asalto en la calle o en el transporte público; y tercero, fraude.

Aunque las cifras de delitos disminuyan, los veracruzanos (el 80.5 por ciento de encuestados por Enpive) tenemos la percepción de que nuestro estado es muy inseguro.

Otro factor que llama mi atención es que por cada 100 mil habitantes, sólo hubo 11 defunciones por homicidio. ¡Como que no me cuadran los números!

Bueno, tampoco me cuadran los hechos, si apenas el viernes pasado asaltaron a una señora del banco, si a otra le cometieron fraude, si a otro señor le robaron su estaquitas y ahora, Nohemí ha sumado las defunciones por homicidio.

Me duele la cabeza… las aspirinas no hicieron efecto. Más que dolor físico, creo tengo dolor en el alma, ése que no curan las pastillas, el mismo que se incrementa al pensar en una pequeña que tuvo que presenciar la muerte de su madre, imagen que quedará marcada para toda su vida, mientras que las encuestas nos dicen que los delitos en nuestro estado van a la baja.

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