Sergio Alejandro Villa / Amo el sentido del humor. Nada puede cambiar mejor mi estado de ánimo que algo chistoso, o que a mí me de risa. Desde muy joven, al principio sin saberlo —después lo provocaba intencionalmente— trataba de reír de todo lo posible. Ignoraba yo que los científicos ya había hecho sesudos estudios sobre el humor y la risa, que no es lo mismo, así que no se ría. Tanto es beneficio para el cuerpo, la mente, el corazón —en un sentido espiritual— reír por lo menos una vez al día, según se desprende de estos mismos estudios científicos, que hasta la propia creencia popular lo avala.
Puedo apostar, sin temor a perder, que somos cientos de miles de jarochos aquí bien nacidos que tenemos esa virtud: nacemos, vivimos y morimos esa singular característica ampliamente reconocida en todo el mundo. Reímos, reímos y reímos, sin parar. Todo nos da risa, hasta nuestra propia desgracia ¿a poco no es para dar risa? Emblemática es la carita sonriente de la región del Totonacapan, aunque muchos me dicen que no es privativo de esa zona, cosa que me da mucha risa. Pues los papantecos no sólo ofrecimos al mundo la vainilla, los voladores sino también plasmamos en solido la risa. Atrapamos su esencia en barro. A ver, a ver, ahora, ríanse.
Ayer y hoy, leo que el joven gobernador Javier Duarte asegura que un opositor a su régimen (o lo que sea) administrativo y político (del cual no soy fan, partidario o simpatizante, ni me paga para que pegue, aclaro puntal) dice que padece el “Síndrome del perrito chihuahueño” con un afán claro de provocarnos tal vez una sonrisa, risa o carcajada a cien, mil o cientos de miles de veracruzanos al tiempo que minimiza las declaraciones del citado personaje hechas con anterioridad en rueda de prensa y toda la cosa.
Por lo que pude ver en redes, o lo que es lo mismo, el santo tribunal a priori que juzga, sentencia y castiga a nuestros actuales gobernantes, a muy pocos veracruzanos les dio risa. Al contrario. Y, he aquí lo curioso, porque la mayoría de las declaraciones de nuestros funcionarios y representantes populares, tiene la gran virtud de darnos risa, de hacernos reír a casi todos los que aquí vivimos y los que no. Aclaro, siempre y cuando no afecten directa o indirectamente a nuestro bolsillo o el poco patrimonio familiar que tenemos. A poco no es de risa cuando declaran que estamos a toda madre. Que todo lo malo no existe y que es producto de nuestra fértil imaginación jarocha. ¿No lo cree? Es más, lo reto. Lea noticias que se generan en Veracruz a diario y salvo que no padezca algún tipo de trastorno o depresión severa, verá cómo se reirá de todo lo que dicen nuestros gobernantes. Ríase, que en serio se lo digo.
Es más, le voy a dar cosquillas en la mente para incitarlo a hacerlo. Mire. Si lee los medios y después hurga un poco en el internet los antecedentes de la fauna política de todos colores y sabores que pueblan el mosaico político de jarochilandia, sabrá que el funcionario ladrón acusa al ladrón de robarle al pueblo. Verá como el político mentiroso acusa de mentiroso a su congénere. Mirará como el político patológico acusa de enfermo grave a otro político. Se sorprenderá cuando el sospechoso político millonario acusa al otro de enriquecerse inexplicablemente, o como el cobarde acusa al otro de lo mismo y así… in saecula saeculorum. Todo lo cual, irremediablemente me lleva a recordar las palabras del joven mandatario cuando habla de los síndromes.
Y cagado de risa, cuando lo pienso, lo imagino, más bien creo que todos los políticos jarochos tienen un sólo cuadro patológico: la Madre de todos los síndromes, el Síndrome del Tío Lolo jajajajjajajjajaj…ríase, no sea mamón.
